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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Archive for Mayo, 2009

esculturapicasso
La nueva exposición del Museo Picasso Málaga, La escultura tardía de Picasso. Mujer. La colección en contexto es parte de la serie que tiene como fin situar histórica y artísticamente obras seleccionadas de los fondos del MPM. La escultura de chapa recortada Mujer (1961), donada por Christine Ruiz-Picasso, es la protagonista de esta nueva muestra que reúne hasta el próximo 30 de agosto cerca de 40 obras realizas por Picasso en diferentes momentos de su vida, como siluetas de papel recortadas cuando era niño, construcciones cubistas o pinturas y esculturas de su última época.
La escultura tardía de Picasso. Mujer. La colección en contexto incluye, además de pinturas y dibujos de diversos períodos de Picasso, tres importantes esculturas de Julio González y un mágico decoupage de Henri Matisse a través de las cuales se estudia el dialogo existente entre la obra de estos dos grandes artistas y Picasso.
La exposición examina, a través de un escogido grupo de obras, el largo proceso creativo que culmina en un nuevo y singular tipo de escultura al final de la vida artística de Picasso. Los orígenes de Mujer y de las otras esculturas de la última época los podemos encontrar en las figuras de papel recortado de su niñez y en las construcciones cubistas de las cuales se deriva. Durante el cubismo formula un nuevo lenguaje que muestra su preocupación sobre conceptos de plano, transparencia y espacio, fundamentales para comprender el contexto creativo de Mujer. Estas preocupaciones están presentes asimismo en las obras realizadas entre los años veinte y cincuenta incluidas en la muestra, las cuales evidencian el largo y complejo proceso creativo que nos conduce a las esculturas de chapa recortada de principios de los años sesenta. Leer más…

Langostinos

[9 Mayo 2009]

Relato extraído del libro Mala Málaga

Noche en el Florida

Noche en el Florida

Caminaba despacio, beodo, las esquinas de la ciudad iban torciéndose hacia el infinito y la cabeza, a cada momento, me daba más vueltas. Así, con el regusto resacoso del vinillo, cada noche volvía a mi casa: un museo de la mugre con vocación de hogar solitario y solterón.
 
Abría la puerta crujiente, y el gato me miraba indiferente en su feliz felinidad. La humedad se descorría por las paredes, y los posters y las litografías de Picasso y Pollock colgaban suspendidas de una humilde chincheta. Por mi hogar del centro de Málaga tiempo hacía que no pasaba nadie; las visitas, escasas, tenían la corporeidad de una factura telefónica impagada o una citación judicial. Hacía más de dos meses que me habían despedido de la revista y la sombra del paro vigilaba mis pulsos.
 
Era un detritus humano que paseaba entre los orines de mi barrio. Aspiraba el fresco de la noche desde el balcón de mi estudio y sólo la fragancia almidonada del rancio llenaba mis pulmones. Marta ya no llamaba, se había llevado su divinidad rubia de nuestro piso y todo tenía ya pinta de fin prematuro. Una rala claridad alopécica se apoderaba de mi cráneo, antes hermoso, la tripa me crecía imparable y deforme, y la barba espesa me clareaba canas anticipando el sol decrépito del fin de los treinta.
 
Me había abandonado Marta. Se había ido con un fotógrafo argentino que la sedujo el día que presentamos mi poemario. Los vi, entre canapés, coqueteando en la amplitud blanca del Ateneo. Yo firmaba libritos de versos, y ellos, edulcorados, componían un cortejo que me espantaba. Allí estaban los dos, dialogando sobre poesía y destinos exóticos; ella con su traje de noche ceñido, bien escotado, y él, porteño y cabrón, sosteniendo la cámara como en una evocación netamente fálica que la sumía, ¡tan bella!, en un rumor de voces e hielos. Para torturarme, el destino alargó el cóctel posterior a la presentación de mi poemario -pudiera ser que póstumo-, y entre las cabezas de los amigos oteé que seguían riéndose, ajenos a mí, en la distancia de espacio y tiempo que precede al sexo prohibido y furtivo.
 
Se reía Marta. El champán regaba cada célula de su cuerpo y ya veía incluso al fotógrafo argentino como un galán de culebrón que la llevaba, en volandas y desnuda, hacia un lecho tropical. Los dos, iluminados por esa felicidad maldita que sólo ven los triunfadores, mantenían una divertida charla que poco a poco iba pasando a los toqueteos nerviosos.
 
Puede ser que la charla en el cóctel se alargara demasiado, y que uno, comprensiblemente enojado, bebiera más de la cuenta. No lo recuerdo. Sin embargo, cuando pienso en esa noche me veo en tercera persona, reventándole la Canon al maldito fotógrafo y con una botella en la mano contemplando, moderadamente feliz, cómo lloraba por su cámara mientras un hilillo de sangre recorría su rostro aniñado.
 
Marta, con la superioridad moral de las putas infieles, me llevó a casa en su coche mientras me juzgaba con los peores adjetivos que el castellano tiene. Dijo que me abandonaría, que el espectáculo que había formado era vergonzoso y que no la volvería a ver. Yo me reía y palpaba su escote mientras el coche se acercaba en el corto paseo al portal de mi casa.
 
Se despidió de mí y quise besarla; saborear por vez última el dulzón perfumado de sus labios. Como en un acto reflejo, abofeteó mi rostro y no pude hacer más que manosear, por última vez, eso sí, un trasero prieto que desaparecía en la nebulosa del deseo y la historia.
 
Quede constancia que aquella noche, despejado los efluvios del mal champán de la “party”, paseé sin tiempo por las calles del centro. Hacía frío en aquel jueves de diciembre. La humedad calaba hasta el tuétano de un cornudo, y la ciudad presentaba un aspecto londinense. El vaho diluía el horizonte en niebla y, de repente, como en una plaga bíblica, comenzó a nevar. Los copos, extraños, caían con una virulencia atroz, tan atroz que, en cuestión de minutos, blanquearon la extensión de calle Larios. La tormenta no cesaba, la nieve se acumulaba en los tejados y mi gato, seguramente, estaría asomado al cristal del ventanuco, riéndose, el muy condenado, por creer que esa noche me congelaría (…) MÁS EN TU LIBRERÍA. PIDE TU EJEMPLAR DE MALA MÁLAGA

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